Teoría
De «bon dia» al imperfecto de subjuntivo, con tablas, ejemplos que suenan y un mini-quiz de más de treinta preguntas por unidad, cada una con su porqué.
parlar · hablar
Petit Drac es una academia de catalán para quien viene del castellano: teoría del A1 al B2, lecciones para escuchar, decir y escribir, y la historia de la lengua, montada para que lo que estudias acabe saliendo por la boca y no solo en un examen.
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Un curso de catalán en castellano, del A1 al B2, con la parte que casi siempre falta: la de abrir la boca. Cada frase se oye, se dice al micrófono y se escribe, y debajo lleva cómo suena, en una transcripción que se lee sin aprender nada o en alfabeto fonético, como prefieras.
El castellano ayuda mucho y engaña bastante: la vocal neutra, las vocales abiertas, el pasado con «vaig», los pronombres «en» y «hi». Aquí se explican con su porqué y comparando con lo que ya sabes. Y hay una parte que casi nadie cuenta: de dónde sale la lengua que estás aprendiendo.
Cada bloque se estudia a su manera, y todos suman en el mismo progreso.
De «bon dia» al imperfecto de subjuntivo, con tablas, ejemplos que suenan y un mini-quiz de más de treinta preguntas por unidad, cada una con su porqué.
Cada lección, tres veces: se escucha, se dice al micrófono y se escribe. Frases enteras, de las que se dicen en el bar, en el médico o en una reunión.
Por temas, clases y niveles, cada palabra con su audio, su pronunciación y una nota con el género, el plural o lo irregular. Se busca, se filtra y se practica con un quiz en los dos sentidos.
Un juego de cartas que se deslizan: a la derecha si es cierto, a la izquierda si es falso. Las de palabras y frases salen del vocabulario y de las lecciones; las ideas, de lo que más confunde viniendo del castellano.
Del latín de Tarraco al catalán de hoy. Cada época acaba en «qué queda de esto en tu catalán»: por qué se dice «fill», de dónde salen el balear y el valenciano, qué hizo Fabra.
Debajo de cada frase, cómo se pronuncia: en una transcripción pensada para quien viene del castellano o en alfabeto fonético internacional. Lo eliges tú.
Lo que terminas entra en el mazo y vuelve al día siguiente, a los 3, a los 7, a los 14 y al mes. Solo lo estudiado: nadie empieza con trescientas tarjetas.
Los del Marco común europeo: de presentarte y pedir un café a hablar con soltura y empezar a usarlo en el trabajo. Es una orientación del curso, no la nota de ningún examen.
El catálogo de arriba dice qué hay dentro. Esto es lo que la app hace mientras estudias.
Pulsas el micrófono, dices la frase y el reconocimiento de voz del navegador la compara con la que tocaba. Tres respuestas posibles: bien, casi y otra vez.
Cada frase de ejemplo y de lección se puede oír. En el quiz de escucha suena sin verse escrita, que es como se oye en la calle, y se puede pedir más despacio.
Transcripción para hispanohablantes o alfabeto fonético internacional, a elegir en tu cuenta. La vocal neutra, las abiertas y la «ll» escritas de forma que se puedan decir.
El vocabulario se busca escribiendo en castellano o en catalán, y se filtra por clase, tema, nivel y por lo que ya dominas, llevas a medias o no has tocado.
Ves la palabra catalana y eliges qué significa, o ves el significado y das la palabra, eligiendo o escribiendo. Los señuelos son de la misma clase: no se acierta por descarte.
Cada carta afirma algo, y la mandas a la derecha si es cierto o a la izquierda si es falso, con el dedo, con los botones o con las flechas. Al momento sabes si has acertado y por qué.
Lo que estudias vuelve justo cuando estarías a punto de olvidarlo, con intervalos que se alargan si aciertas. Solo entra lo que has terminado.
Elegir entre cuatro es reconocer; escribir es recordar. Puedes cambiar de modo, y escribiendo no te castigan un acento ni una mayúscula: se mira que sepas decirlo.
El quiz se para y cuenta qué ha pasado, con el motivo escrito para cada pregunta. Acertar sí avanza solo, que ahí no hay nada que leer.
Se guarda en el servidor, atado a tu cuenta, así que empiezas en el móvil y sigues en el portátil. Y te lo puedes descargar entero cuando quieras.
Si cierras a mitad de una ronda, al volver te la ofrece: las mismas preguntas y por donde ibas. O la dejas, y no vuelve a aparecer.
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Una explicación por cada parte del curso, para leer antes de empezar: qué se estudia en cada nivel, cómo suena el catalán, cómo se practica hablando, qué vocabulario trae y de dónde viene la lengua. Con los datos de verdad, sacados de la app.
Las 39 unidades de teoría, con sus apartados y su mini-quiz.
Los sonidos del catalán que no tiene el castellano, con ejemplos, su transcripción y su alfabeto fonético.
Las 39 lecciones, con cómo se escucha, se dice y se escribe cada una.
Las palabras del curso repartidas por nivel, clase y tema, con una muestra de cada tema y los falsos amigos.
Trece épocas, cada una con lo que dejó en el catalán de hoy.
Una unidad de teoría, una lección o una época. Al final hay un mini-quiz, y no se aprueba de milagro: el listón está en el 80%.
Cuando fallas, el quiz se para y te enseña la respuesta con su porqué. Acertar avanza solo, que ahí no hay nada que leer.
Lo que acabas entra en el repaso del día, lo hayas aprobado o no: la unidad que se atraganta es justo la que más falta hace repasar.
El progreso vive en tu cuenta y no en este navegador. Vaciar el historial no se lleva por delante tres meses de trabajo.
Con la voz catalana de tu sistema, y a media velocidad cuando va deprisa. Un altavoz nunca canta la respuesta.
El reconocimiento del navegador compara lo que dices con lo que tocaba, y admite el «casi» sin darlo por bueno.
Cómo suena cada frase, escrito para quien viene del castellano o con los símbolos de los diccionarios.
Un recordatorio cuando llevas días sin pasar y un truco del día. Se activan dispositivo por dispositivo y se quitan de un toque.
Cinco tamaños, para leer sin acercarte la pantalla a la nariz.
Desde tu cuenta te descargas todo tu progreso o la borras entera, sin pedir permiso a nadie.
Una guía para quien empieza, se use o no esta app: por dónde se empieza, cuánto se tarda, qué cuesta de verdad y cómo se llega a hablarlo.
Por el oído y la boca, no por la lista de verbos. El castellano te regala desde el primer día buena parte del vocabulario y de la gramática, así que lo que de verdad hay que aprender al principio es lo que no se parece: cómo suenan las vocales sin acento, la «ll», la «x», la «j» y la ese que zumba. Si esos sonidos se aprenden bien desde el principio, todo lo demás se oye y se recuerda mejor, y no hay que desaprender después una pronunciación castellana que se ha ido asentando durante meses.
Después, las piezas que sostienen cualquier conversación: saludar y presentarse, los artículos —también delante de los nombres de persona: «la Marta», «el Jordi»—, el presente de los verbos más frecuentes, preguntar y negar, los números y la hora. Con eso ya se puede pedir un café, preguntar por una calle o decir de dónde eres. Y conviene oír catalán desde el primer día aunque no se entienda todo: la radio, un pódcast o una serie con subtítulos acostumbran el oído mucho antes de que haga falta hablar.
No hay una cifra oficial para quien viene del castellano, y depende mucho de cuánto catalán oyes a tu alrededor. Como orientación, estudiando un rato cada día, el A1 y el A2 —presentarte, desenvolverte en tiendas, trámites y horarios— pueden llegar en unos meses, porque la cercanía con el castellano acelera mucho los primeros pasos. En esa etapa se entiende bastante más de lo que se sabe decir, y es normal: leer una noticia sencilla llega mucho antes que sostener una conversación sin pasarse al castellano.
El B1 cuesta más, porque es donde aparece lo que más se aleja del castellano: los pronombres «en» y «hi», que el castellano no tiene, combinar pronombres, el subjuntivo y los conectores de una conversación de verdad. Suele pedir tanto tiempo como los dos primeros niveles juntos, o más. El B2, hablar con soltura y empezar a usarlo en el trabajo, pide sobre todo horas de uso real: escuchar y hablar mucho más que estudiar reglas nuevas. En todas las etapas, la constancia pesa más que las horas: media hora diaria rinde más que cuatro horas un domingo.
Mejor poco y cada día que mucho de golpe. La memoria fija lo que vuelve a salir justo cuando empieza a olvidarse, y eso solo pasa si se estudia a menudo. Una sesión de veinte o treinta minutos puede empezar por el repaso de lo que toca ese día, seguir con algo nuevo —una unidad de gramática o una lección de frases— y acabar con un rato corto de vocabulario. Lo nuevo sin repaso se va en pocos días; el repaso sin nada nuevo se estanca y aburre.
Reparte también entre las cuatro destrezas, porque no avanzan solas. Leer y escuchar son las que más ayuda reciben del castellano y las que antes suben; hablar y escribir se quedan atrás si no se practican a propósito. Una regla sencilla: por cada rato de teoría, otro rato diciendo frases en voz alta. Y fuera del estudio, catalán de fondo: la radio mientras cocinas, las noticias, una serie. No hace falta entenderlo todo para que el oído se vaya acostumbrando a la música de la lengua.
Lo que más delata a quien viene del castellano no es la gramática, es el sonido. En el catalán central la «a» y la «e» sin acento se apagan en una vocal neutra, y la «o» sin acento suena «u»: «casa» y «pare» acaban igual, y «botiga» se dice casi «butiga». La «e» y la «o» tónicas tienen versión abierta y cerrada, y cambian palabras. En la gramática, lo que más cuesta es lo que no existe en castellano: el pasado con «vaig», que parece un futuro, y los pronombres «en» y «hi».
Para hablar hay que abrir la boca, y se puede empezar sin nadie delante. Repite cada frase justo después de oírla, imitando el ritmo y la entonación, no solo las palabras; léela en voz alta con su pronunciación escrita debajo; grábate y compárate con el audio. Cuando des el paso a hablar con gente, avisa de que estás aprendiendo y pide que te sigan hablando en catalán: muchos hablantes cambian al castellano por cortesía en cuanto notan acento, y así se pierde justo la práctica que buscas.
Los más frecuentes son los que parecen correctos porque suenan bien en castellano. «Tinc que» por «he de» para la obligación; «bueno», «vale» y «hasta luego» en lugar de «bé», «d'acord» y «fins després»; o «vaig menjar» entendido como «voy a comer», cuando es «comí». Y los falsos amigos: «cama» es pierna, «gana» es hambre, «botiga» es cualquier tienda, «rentar» es lavar y «llevar-se» es levantarse de la cama. Un falso amigo no se evita con reglas: se evita habiéndolo visto fallar una vez.
En la escritura, los errores de siempre son de detalle y se corrigen pronto si se conocen: el apóstrofo delante de vocal («l'home», pero «la universitat»), la «ç» donde la «c» sonaría «k», la «l·l» con su punto volado, los acentos graves y agudos, que no siempre van donde en castellano, y la «ny» donde la mano quiere escribir «ñ». En la pronunciación, el error típico es decir todas las vocales claras, como en castellano, y pronunciar la «t» final de «molt» o la «r» de «parlar», que en el catalán central no suenan.
Al empezar, las primeras unidades de teoría son las de los sonidos: las letras propias y las vocales. Merece la pena hacerlas antes que nada y elegir en «Tu cuenta» cómo quieres ver la pronunciación, en transcripción o en alfabeto fonético. Después, alterna las unidades del A1 con las lecciones de su nivel, que se escuchan, se dicen al micrófono y se escriben, y deja que el vocabulario por temas y las cartas de «Cierto o falso» llenen los ratos cortos. El repaso del día, siempre lo primero.
En el A2 y el B1 el peso pasa a la gramática que no tiene el castellano —el pasado perifrástico, los pronombres débiles, «en» y «hi»— y a las lecciones de situaciones: el médico, el mercado, buscar piso, una entrevista de trabajo. Es buen momento para pasar la práctica y el vocabulario a «escribiendo», que obliga a recordar en vez de reconocer. En el B2 llegan los registros, las variantes y el catalán que se habla en la calle; y la historia de la lengua, que se puede leer en cualquier momento, explica muchas de las rarezas encontradas por el camino.
Esto suele estar en la letra pequeña. Aquí está en letra normal.
No hay analítica de terceros, ni píxeles, ni redes sociales incrustadas.
Ni tipografías de Google Fonts ni librerías de un CDN: pedírselas le entregaría la dirección IP de todo el que abra la página, y eso habría que declararlo.
Y en dos sitios contados: si eliges entrar con tu cuenta de Google, y en el formulario de contacto, cuyo antispam es suyo. En el resto de la web tu navegador no habla con nadie más.
El reconocimiento de voz lo hace el navegador, y algunos mandan el audio a los servidores de su fabricante. No lo controlamos, así que lo decimos.
No por saltárnoslo: solo se usan la cookie de sesión y una copia local del progreso, que la ley exime de pedir permiso. El día que haya algo más, se preguntará antes.
Descargar todo tu progreso es un botón. Y borrar la cuenta la borra de verdad, no la apaga.
Nada. No hay plan de pago, ni prueba de siete días, ni un botón que se ponga naranja en la quinta lección.
De mica en mica s'omple la pica: poco a poco se llega lejos. Si tu catalán está creciendo aquí, ayuda a que siga siendo gratis.
DonarNo. Se empieza por las letras y los sonidos y por «bon dia». Si ya lo entiendes pero no te lanzas a hablarlo, empieza por la práctica: está hecha justo para eso.
El central, con la norma del Institut d'Estudis Catalans, que es el de las voces que traen los teléfonos y los ordenadores. Donde el balear o el valenciano lo dicen de otra manera, se explica en su sitio.
Ayuda a prepararlo, pero no es una preparación oficial de ningún certificado ni está avalado por ninguna institución. El reparto por niveles del A1 al B2 es una orientación del curso, no la nota de un examen.
Para la parte de habla, sí, y un navegador que la soporte (Chrome y Safari van bien). Todo lo demás —leer, escuchar, escribir, el vocabulario y las cartas— funciona sin él, así que se puede estudiar en el metro y dejar lo de hablar en voz alta para casa.
En un servidor propio, en un fichero tuyo atado a tu cuenta. Sin base de datos de terceros ni servicios en la nube por medio. Puedes descargarlo entero o borrarlo desde tu cuenta.
Jordi Salord, desarrollador de aplicaciones. Es de Menorca, vino a Catalunya a estudiar y se quedó; el catalán es su lengua materna, y Petit Drac es su manera de hacerla más accesible. No es un encargo ni un producto: la escribe y la mantiene él. El resto de su trabajo está en su web: jordisalord.com
Todavía no, y conviene decirlo: el contenido en catalán está escrito con cuidado y pendiente de la revisión de un hablante nativo antes de darlo por bueno. Si ves una errata, el formulario de contacto llega directo.
Sí. La app se usa en castellano o en inglés, con las explicaciones, las preguntas y los significados en el idioma que elijas. El catalán que se estudia es el mismo en los dos, y la pronunciación escrita se adapta a quien lee: la transcripción para quien viene del inglés no es la del castellano.
El que tengas, mejor a diario que de golpe. Diez o quince minutos dan para el repaso del día y un trozo de unidad o de lección. El progreso se guarda al momento, así que se puede dejar en cualquier punto, y si cierras a mitad de un quiz, al volver te ofrece seguir por donde ibas.
Sí: es una aplicación web, así que se abre en el navegador del móvil, de la tableta o del ordenador sin instalar nada. Como el progreso vive en tu cuenta, puedes empezar una unidad en el móvil y acabarla en el portátil. Para la parte de habla hace falta un navegador con reconocimiento de voz.
Porque el progreso se guarda en el servidor y no en el navegador: sin cuenta no habría dónde apuntar qué has estudiado ni forma de seguir en otro dispositivo. Se abre con tu correo —llega un código para comprobar que es tuyo— y una contraseña, o con tu cuenta de Google, y desde «Tu cuenta» te descargas tus datos o la borras cuando quieras.
Tiene que abrirse con conexión, pero aguanta los cortes: si te quedas sin cobertura a mitad de una unidad, lo que estudias se queda apuntado en el navegador y se sube solo en cuanto vuelve la red. La voz que lee las frases es la de tu sistema; el reconocimiento de voz, en algunos navegadores, sí necesita internet.
Se entra con un correo y una contraseña, o con la cuenta de Google. En un minuto estás en la primera unidad.
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